Una vez vistos los diferentes tipos de hipoteca de forma general y los parámetros que diferencian las distintas agrupaciones, vamos a analizar más detenidamente las clasificaciones más importantes. En éste artículo desgranaremos las hipotecas dependiendo del porcentaje de dinero otorgado sobre el precio de la tasación y también según la duración del plazo de amortización.

Según el porcentaje sobre la tasación

tasacion-hipoteca

  • Menor a la tasación. Son las hipotecas en las que el dinero concedido es inferior al precio de tasación. Han sido las más habituales hasta el inicio de la burbuja inmobiliaria. La cantidad no suele superar el 80% y la garantía para el préstamo era el propio inmueble. Actualmente vuelven a ser el tipo más concedido.
  • Igual al precio de tasación. Cubren exactamente el precio al que se tasa la vivienda. Empezaron a extenderse con el aumento continuado de los precios a finales de los 90. En ocasiones los bancos piden una garantía extra a parte del inmueble.
  • Superior al valor tasado. Se hicieron muy populares en los años álgidos de la burbuja inmobiliaria. Entre 2005 y 2007 eran el tipo de préstamo hipotecario más habitual. La cantidad de estos préstamos puede llegar al 120% del valor de tasación. Esa cantidad extra solía utilizarse para amueblar el piso, comprarse un coche o hacer unas vacaciones. En muchas ocasiones, las entidades bancarias exigían un aval extra para su concesión, que podía suponer la hipoteca de otro inmueble más.

Según la duración

  • Hipotecas de corta duración. Se denominan de corta duración a los préstamos hipotecarios que se amortizan en menos de 15 o 20 años. Se caracterízan porque sus cuotas son más elevadas, pero la cantidad de intereses que se acaba pagando al final es muy inferior. Se recomienda escoger un crédito lo más corto posible para pagar menos interes, siempre que se nos quede una cuota mensual aceptable.
  • Hipotecas de larga duración. Su uso se extendió una vez más durante la burbuja inmobiliaria, empezando a finales de los 90. Se consideran de larga duración las que exceden de los 30 años de amortización, pudiendo llegar en ocasiones a los 50 años o más. Ante el elevado precio que llegaron a alcanzar la mayoría de inmuebles, era la única forma de conseguir una cuota aceptable. El problema de una duración tan larga es que se acaba pagando una cantidad de intereses muy grande, pudiendo ser incluso mayor que la mitad del valor de tasación. Por una hipoteca de 200.000 euros se puede llegar a pagar más de 100.000 euros tan solo en concepto de intereses.

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