Estoy seguro de que más de una vez, al pasar cerca de una entidad financiera, nos habrá llamado la atención los carteles que tienen expuestos. La mayoría de ellos hacen referencia a porcentajes de productos bancarios que acaban con la palabra TAE. Y de hecho, una de las preguntas más habituales de cualquier cliente de un banco es, precisamente, qué es eso de la TAE.

La TAE tiene dos significados diferentes: Tasa Anual Efectiva y Tasa Anual Equivalente y pese a no significar exactamente lo mismo, representan el interés asociado a una inversión o a un crédito, por ejemplo. Es decir, la TAE será el interés efectivo y anual al cual nos prestan el dinero o la rentabilidad que esperamos obtener por nuestra inversión.

¿Cuál es el interés de nuestra inversión?

En el caso de los productos de inversión, la TAE representa la tasa anual equivalente. Dicho de otro modo, es la rentabilidad anual que una determinada inversión proporciona sobre nuestro capital. Al existir productos de inversión con plazos diferentes, la TAE permite homogeneizar el interés y comprobar cuál es más atractivo tomando una misma base como referencia.

La fórmula para el cálculo del TAE es la siguiente:

formula-tae

donde:

r es el tipo de interés expresado en términos nominales, por ejemplo un 4% semestral.
f es la frecuencia de cobros y pagos del interés. Si es 12 el tipo de interés es mensual, 6 es bimestral, 4 trimestral 3 cuatrimestral, 2 semestral y 1 si es anual.

Comparación entre varios productos de inversión: caso práctico

Consideremos tres depósitos bancarios con las siguientes características:

  • Depósito A: 0,80 de tipo de interés nominal (TIN) a 1 mes sin gastos, sin comisiones y sin comisión de cancelación.
  • Depósito B: 1,47% de tipo de interés nominal (TIN) a 3 meses sin gastos, sin comisiones aunque con comisión por cancelación anticipada.
  • Depósito C: 4,5% de tipo de interés nominal (TIN) a 12 meses sin gastos ni comisiones aunque con comisión por cancelación anticipada.

¿Cuál de estos depósitos ofrece la mejor rentabilidad?

cuadro-depositos

Con este sencillo ejemplo, hemos realizado la comparación entre depósitos con diferentes plazos y rentabilidades. A simple vista, podría parecer que un depósito a un mes al 0,80% proporciona una menor rentabilidad que el depósito a doce meses al 4,5%. Sin embargo, al homogeneizar los intereses, nos damos cuenta que, en realidad, el dinero obtenido por mes es mayor.

Ahora bien, lo habitual es que estos depósitos que tienen una rentabilidad tan atractiva, como el del 10% TAE, no permitan renovación, por lo que una vez acabado el plazo deberemos contratar otros depósitos.

En conclusión, cuando vayamos a contratar un producto deberemos mirar no solo el TAE del mismo y la rentabilidad que proporciona sino también su plazo. De otra forma, nuestro análisis de rentabilidad entre diferentes productos puede ser erróneo y podemos escoger el producto que peor se adapta a nuestras necesidades y preferencias de inversión.

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