Un préstamo hipotecario es un acuerdo financiero en el que una de las partes, el prestamista, presta una cantidad de dinero a la otra parte, el prestatario, que será devuelta en un período de tiempo acordado previamente, mediante el pago períodico de una cuota o letra. El dinero a devolver será la suma de la cantidad inicial más un porcentaje en concepto de intereses y una serie de gastos asociados.

prestamo-hipotecarioHasta aquí se trata de un préstamo como otro, pero la diferencia de los créditos hipotecarios es que para su concesión, además de la garantía personal del usuario, se incluye la garantía de un bien inmueble, habitualmente una vivienda, aunque puede ser también un local comercial o una nave industrial. Dicho inmueble se utilizará para cubrir el dinero solicitado en caso de que no se pueda devolver, pasándo a manos de la entidad bancaria, que lo venderá para recuperar el dinero.

El destino del dinero suele ser la compra de la propia vivienda que sirve de garantía para el préstamo, pero también puede hipotecarse un inmueble en propiedad para obtener dinero para realizar una inversión en un negocio u obtener financiación para otros tipos de compras. Debido a que la cantidad de dinero es elevada, el plazo para devolverlo suele ser también bastante largo, como mínimo 10 o 15 años. Durante los últimos años de la burbuja inmobiliaria se llegaron a conceder hipotecas que llegaban incluso a los 50 años o más.

Tradicionalmente el dinero prestado no ha superado el 80% del valor de tasación del inmueble, para evitar que el riesgo fuera demasiado elevado y los plazos no se extendieran demasiado. Sin embargo, en los años de la burbuja, la orgía crediticia era tal que los riesgos se despreciaban y se ofrecían préstamos hipotecarios que llegaban al 120% de la tasación, incluyendo un extra para comprarse un coche, realizar un viaje y otros gastos que el cliente deseara. Actualmente es dificil encontrar financiación que supere el 80%.

Los intereses que se aplican a una hipoteca suelen estar asociados a un índice de referencia. Existen muchos índices distintos a los que vincular el tipo de interés, pero el más habitual en España es el Euribor, del que hablaremos en otro artículo. También hablaremos de otros gastos que incluyen las hipotecas, como el gasto de tasación, de gestión o de notaría.

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