Normalmente, los grandes inversores colocan sus capitales en productos financieros con el objetivo de obtener la máxima rentabilidad. Para lograrlo, manejan una serie de algoritmos y estrategias que permiten realizar el control y seguimiento de su cartera en todo momento, comprando o vendiendo en función del precio al cual desean realizar su transacción. Es decir, realizan una estrategia activa de inversión.


  • Cuenta de Ahorro de Alta Rentabilidad
  • Cantidad: Hasta 50.000 euros
  • Plazo: Indefinidio y flexibilidad total

  • Depósitos al plazo fijo entre el 0,70% y el 1,25% TAE
  • Cantidad: Desde 5.000 a 500.000 euros
  • Plazo: Entre 6 meses y 3 años

  • Depósito a plazo fijo al 1% TAE
  • Cantidad: Desde 5.000 a 500.000 euros
  • Plazo: 18 meses

La mayor parte de inversores minoritarios, en cambio, realizan una gestión pasiva de su inversión. Su objetivo es colocar sus ahorros en productos financieros, como acciones o productos de renta fija, que proporcionan una renta anual con el objetivo de minimizar el riesgo, pero sin llevar un control tan detallado o exhaustivo como la inversión activa.

¿Qué lleva a los ahorradores a llevar una gestión pasiva de su inversión?

La mayor parte de inversores minoritarios no cuentan con la formación financiera adecuada como para gestionar activamente su cartera de forma adecuada o, en caso de tenerla, no pueden dedicarle el tiempo que requiere este tipo de inversión, puesto que la cantidad de variables y factores a tener en cuenta es casi interminable.

Sin embargo, cualquier inversor minoritario sabe que los grandes valores y los productos de renta fija constituyen una inversión segura que, a pesar de no maximizar la rentabilidad de la inversión, no tienen prácticamente riesgo.

Inversión pasivaPor el lado de la renta fija, los productos financieros más importantes son, posiblemente, los depósitos a plazo fijo. Este tipo de inversión, en el que las entidades bancarias inmovilizan el dinero de sus clientes ofreciendo, a cambio, un tipo de interés por este capital, es el producto estrella de la mayor parte de los bancos. Además, existen otros productos como la deuda pública o la deuda corporativa, en la que nosotros, como ahorradores, actuamos como prestamistas de las entidades públicas y privadas, respectivamente.

Por el lado de la renta variable, la inversión pasiva se basa en la compra de acciones de grandes corporaciones, como Santander, Telefónica, BBVA o Iberdrola, que suelen tener políticas de reparto de beneficios muy generosas entre sus accionistas. Es decir, el ahorrador compra las acciones de estas empresas con el objetivo de obtener el dividendo que le proporciona una cierta rentabilidad sobre su inversión, además de la revalorización del valor de estas acciones.

En los últimos años, además, se ha extendido la estrategia del scrip dividend, que se basa en la capitalización del dividendo o conversión de esta renta en acciones. En este sentido, muchos inversores han visto cómo se incrementa el número de sus acciones en propiedad, aumentando el dividendo a recibir y viendo como su cartera crece de forma casi automática.

La inversión pasiva en los fondos de inversión: los ETFs

Existen casi tantos productos financieros como estrategias de inversión, bien sea inversión activa o pasiva. Dentro del primer grupo, se encuadran, por ejemplo, los fondos de inversión o planes de pensiones de carácter variable cuyos resultados dependen de las decisiones de un gestor que modifica su composición en función de los resultados esperados.

Dentro del segundo grupo, en cambio, existen fondos de inversión, como los ETFs, que replican la evolución del índice bursátil, por ejemplo, el IBEX. El fondo estará compuesto por los mismos valores del índice con una ponderación similar, haciendo que su evolución sea, por tanto, similar a la evolución del índice.

En el caso de los ETFs, la labor del gestor es cambiar la composición de la cartera en función de los cambios introducidos dentro del índice. Por ejemplo, si un valor sale del índice y otro valor entra, el gestor se encargaría de liquidar las posiciones del valor que sale del índice para, posteriormente, adquirir nuevas acciones del valor que se incorpora.

¿Qué es mejor, inversión activa o pasiva?

La respuesta a esta pregunta no es única, no existe ninguna estrategia de inversión mejor ni peor. Incluso una estrategia mixta puede ser adecuada en función de la rentabilidad que se quiera conseguir y el riesgo que se desea asumir. En todo caso, la pregunta a realizar debería ser ¿cuándo puedo llevar a cabo una gestión pasiva de mi inversión?

Evidentemente, no es lo mismo comprar acciones de grandes empresas que de empresas emergentes con un gran potencial de crecimiento pero con una volatilidad también grande. En estos casos, es necesario llevar a cabo un control más exhaustivo de nuestra inversión si no queremos entrar en grandes pérdidas, por lo que la gestión pasiva en estos casos puede ser contraproducente.

De todos modos, esta decisión es personal de cada inversor/ahorrador. No hay una estrategia mejor o peor. Son diferentes y, en cualquier caso, el equilibrio siempre está en el punto medio, por lo que es importante no meter todos los huevos en la misma cesta y diversificar para amortiguar posibles caídas.

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